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| Aparcamiento de OT. 6.45 am. |
Navantia es Ferrol. Ferrol es Navantia. Esta dicotomía difusa e intermitente no es ni más ni menos que una realidad patente en cada uno de los maltratados adoquines de esta ciudad, pequeña, decadente y terroríficamente maravillosa. Ferrol es así, especial, distinta, puede que incluso siniestra, depende como se mire, y de crisis tiene ya un máster y un doctorado. Malcasada como está del sector naval, ha tenido que sufrir los dimes y diretes de una industria que como bien es sabido es incierta.
Navantia, “La Bazán” de toda la vida es más que una empresa. Esto es así, algo que todo el mundo sospecha y algo que yo ahora, desde “dentro” entiendo. El bazanero esa especie que se ha colado en cada una de las familias de esta ciudad es un personaje peculiar, habitualmente vilipendiado y acusado una y otra vez de vago, cierto es que como todo en la vida, alguno habrá que lo merece, pero no todos, créanme… “dentro” se trabaja. Se trabaja mucho.
Hoy estamos ante la peor crisis a la que “labazán” va a tener que hacer frente, eso es lo que dicen, no sé cuánto habrá de cierto y cuánto de mentira, pero la cosa está fea. Si les digo la verdad, no sé porque me he puesto a escribir esto, pero supongo que son esas cosas que se hacen porque sí. Dicho esto, sigo con mi disertación.
Llevo casi cuatro años y medio trabajando “dentro”, y si ya “labazán” era para mí más que una empresa, pues alimentaba las charlas de sábado en mi casa, ahora sé por qué, era así. Mi padre, mi padrino, mis primos, mi queridísima familia reunida sábado tras sábado hablando de la “casa grande” y yo pequeña sentada en el suelo escuchaba aquellas anécdotas de barcos como quién escucha aventuras maravillosas. Navantia es más que una empresa.
Crecí, me hice ingeniera industrial, acabé y entré becada en Navantia, ya de aquella mi padre era prejubilado, mi padrino jubilado, sólo era yo la que quedaba en la “casa grande”, y a partir de entonces fui yo la que hablaba los sábados y ellos los que escuchaban y preguntaban, con ese gesto del que añora lo vivido, pero se les veía felices, pues había quien prolongara la vida de esa empresa, que los vio entrar en pantalón corto y los dejo marchar antes de tiempo, porque ya no podía darles más.
Ahora se les ve preocupados, menean la cabeza mientras ven el telediario, no entienden como se vuelve atrás, ¡con lo que ellos habían conseguido! ¡con lo que se había luchado! … pero en fin, es el signo de los tiempos, supongo.
Nos hemos tirado a la calle, mendigamos trabajo,… en Ferrol sólo sabemos hacer barcos, o al menos, eso parece, tenemos miedo, familias, sueños, queremos trabajar. Necesitamos que Ferrol nos apoye. Navantia es más que una empresa. Navantia es Ferrol.
Si no se lo creen, vengan, paseen, la ciudad se ha modelado a imagen y semejanza de la empresa, ésta ha cambiado nuestro lenguaje, nuestros horarios, y nos ha dotado de costumbres peculiares… hable con un ferrolano y seguro que le preguntará si trabaja “dentro”, si es de “güespoint”, etc. etc.
Cada día cuando entro a trabajar, doy los buenos días a cada persona que me encuentro, desde el guardia, hasta todos mis compañeros. Sé el nombre de todos, a menudo sus problemas, y siempre tenemos un ratito para interesarnos por cómo están. Me reciben con un “piquiniña cómo estás?”, y eso te hace sentir como en casa. Hacemos amigos, y a menudo cuando salimos de trabajar, vamos a “tomar unas” a Manel o a Pastor. Somos compañeros, a menudo amigos. Navantia es más que una empresa. Navantia es Ferrol. Ferrol es Navantia. ¿Vamos a estar juntos en esto? Ustedes verán.