Manifiesto

Yo no sé cuantos píxeles tiene mi cámara; y no me importa.
Un fotógrafo nace cuando abre por primera vez los ojos y comienza a ver. Ese minuto mágico cuando todo parece colocarse en el sitio más adecuado en el tercio perfecto para que la imagen pueda cobrar vida y hablar.

La fotografía es el arte de hablar sin decir nada, es el reino de los sentidos dormidos. Lo creo de una forma firme e irredenta. Lo sé porque lo he vivido. Lo sé porque el bagaje cultural que con el que me ha obsequiado la vida he aprendido más de imágenes dormidas coleccionadas en mi subconsciente, que de textos con millones de palabras, muchas veces vacías de alma.

Fotógrafo es aquel que se deja el corazón en cada golpe de obturador. La fotografía no es ni un fin, ni un medio, no es el alimento de mercenarios sedientos de morbo, sangre o lágrimas. La fotografía es en sí, medio, meta y origen. La fotografía es la forma que tenemos de hablar, los que no saben hacerlo de otra manera, es el arte que hace libre a aquellos cuyos ojos les hablan de un mundo diferente.

Yo no valoro mi arte en la forma de producirlo. No valoro una escultura por el material de los cinceles que la han esculpido, ni tampoco valoro un lienzo por el tipo de cerdas que lo han teñido pincelada a pincelada. Yo valoro la obra con fin, la obra como ser último y transmisor. Por ello, no valoro el número de píxeles ni las obsesiones obscenas por el enfoque perfecto, la nitidez clarividente, y otros temas que entorpecen y prostituyen el fin último que es la obra. La imagen.

Nos encontramos en unos tiempos vacíos de creatividad y poblados de conversaciones vacías en torno al píxel y al soporte digital. La fotografía como arte debe ser interpretada, gestada y parida desde cámaras vacías de pretensiones y llenas de pasión y alma, nutridas con las imágenes almacenadas en nuestros subconscientes de los grandes maestros, y creadas bajo principios artísticos básicos. No importa la manera de crear arte, lo único importante es el fin. No importa el camino recorrido. Los métodos empleados, heterodoxos o no, son solo el medio para alcanzar el fin, que siempre tiene que ser la obra de arte: el sentimiento. La fotografía expuesta tiene que ser una invitación a ser escuchada, sentida y tocada, sino la fotografía habrá fracasado como medio transmisor del arte. 

Ninguna obra fotográfica puede considerarse experimental. El arte no es una ciencia (Man Ray, 1934). Debemos actuar teniendo siempre en mente cual es nuestra materia primigenia, nuestra fuerza creadora; la luz. Todo puede ser transformado, deformado o eliminado por la luz, que es tan versátil como el pincel, ni más ni menos (Man Ray).

Por ello, yo reivindico la fotografía como arte. Reivindico la necesidad de despojarnos de ataduras, de filigranas y de volver al origen. Regresar, volver mientras estemos a tiempo y aún quede un ápice de alma entre las cortinillas del obturador.
Design by Pocket